martes, 8 de mayo de 2018

"La lluvia o la mañana" en la Feria del Libro de Sevilla

Este domingo 13 de mayo estaré en la Feria del Libro de Sevilla. A partir de las 18:00, me podréis encontrar en la caseta de la Librería La Isla de Siltolá (número 37) dispuesto a firmar libros. A las 19:00, en la Sala Apeadero del Ayuntamiento, presentaré "La lluvia o la mañana". Y, por si fuera poco, contaré con la inestimable ayuda de Diego Vaya. Amigos y amigas en general, habitantes de Sevilla en particular, como siempre os digo, me encantaría veros por allí.  



martes, 1 de mayo de 2018

Presentación en Huelva

El jueves 3 de mayo a las 19:30 estaré en la Biblioteca Provincial de Huelva presentando "La lluvia o la mañana", libro que he tenido la suerte de publicar con Ediciones de la Isla de Siltolá. Se puede leer más información pinchando AQUÍ.


jueves, 5 de abril de 2018

Apuntes para una presentación de "La distancia de una isla"


Probablemente, Freud sería la única voz autorizada para esbozar una explicación satisfactoria sobre varios hechos innegables. A saber: la vida del oficinista es un tema literario que no parece agotarse nunca, su oficio es un marco perfecto para estimular la voluntad de trascendecia, la oficina (ya sea fingida o impuesta) es un universo desde el que se puede articular la creación. Son hechos innegables o eso pienso después de haber disfrutado con la lectura de La distancia de una isla. Y acuden a mi recuerdo ahora el oscuro funcionario que protagoniza Memorias del subsuelo y ese Bernardo Soares al que debemos el Libro del desasosiego. Me atrevería a decir que no es necesario que el sujeto poético trabaje en lo que entendemos como una oficina típica. Cuanto más se parezca un trabajo a la rutina, al silencio, al aislamiento, a la priorización de los papeles en detrimento del trato humano (y no sé por qué pienso ahora en aquel Pereira soliviantado por el calor del verano lisboeta), mayor poder de generación de un discurso lírico o narrativo parece atesorar. Alguien debería formular un teorema de estilo pitagórico que diera forma definitiva a lo que parece una ley inamovible en la literatura de los últimos siglos. Muchos de ustedes se preguntarán con razón cuál es el nexo de unión entre estas elucubraciones y la poesía de Manuel González Mairena. Y no voy a ser yo quién les descubra ese misterio porque lo hará el propio autor. Estoy seguro. Después de todo, yo debería limitarme a ofrecerles unas cuantas pistas sobre los poemas que tienen a su disposición en este volumen gracias a Ediciones en Huida, aunque voy a permitirme cierta labor interpretativa. No puedo evitarlo.

La oficina es, ante todo, la repetición de un esquema. Cada día se convierte en la superposición de secuencias idénticas que no pueden diferenciarse unas de otras. El significado profundo del tiempo se impregna de un matiz acumulativo. No es extraño, por tanto, que cualquier elemento contextual sufra en estos versos la proyección de esta vivencia. Así sucede con el transporte urbano que se califica como "un crematorio de los días laborables". El metro se reduce, simplemente, a un mero "transporte de mercancías". El trabajo, además, no se traduce en frutos. Tanto es así que la nómina se define como "una porción sútil de veneno." En el recinto de esa cárcel camuflada que parece ser la oficina, todo tiende a una despersonalización sin límites "donde las gentes / reciben el nombre de sus cargas." Por otro lado, está el mar, ese símbolo totalizador en el que todo cabe y que La distancia de una isla toma como un paraíso. El mar se erige, por gracia de los dos poetas que son responsables de este libro, en una suerte de antónimo de la oficina. "Una vez los sueños fueron un barco" se nos confiesa desde uno de los textos de la primera parte del libro y también se confiesa el padecimiento de unas "ansias oceánicas".Y aunque se admite que alguna vez hubo un horizonte alcanzable que "fue pura alegría de posibles", en el "Testamento del oscuro oficinista" (el extenso poema que cierra el libro) la voz protagonista no se arruga al admitir realidades amargas: "Hace ya tiempo que cambié la resistencia por la melancolía." Se nota que ambos poetas son conscientes de que, a veces, no queremos que nuestros sueños se cumplan, que nuestros más fervientes deseos se materialicen. A veces, sólo queremos ser el oscuro oficinista que "miró el mar desde el muelle por miedo a lo posible." Obviamente, no se agotan en esta pequeña muestra los temas que se sugieren en La distancia de una isla, pero creo que queda justificada la necesidad de leer este libro que Manuel lanza hoy al mar de la esfera pública con la misma esperanza que el naúfrago deposita en su botella.


jueves, 19 de octubre de 2017

Décimo Encuentro de Verdes Escritores y Escritoras

El lunes 23 de ocubre estaré en la sesión inaugural del décimo Encuentro de Verdes Escritores y Escritoras que se organiza, como cada año, gracias al incansable trabajo de José Manuel Alfaro. Será en el Bar Trastero (Huelva) y estaré acompañado, entre otros, por Daniel Salguero Díaz, Fernando Bazán y Worve. Puedo prometeros que habrá poesía, música y un tiempo para la reflexión sobre la necesidad y función de estos encuentros. Empezamos a las 21:00. Espero veros por allí. El evento publicado por la Tertulia Cultural Trastero Dispar Arte en Facebook se puede consultar pinchando AQUÍ.



domingo, 24 de septiembre de 2017

El elogio de la sombra


"Me gustaría ampliar el alero de ese edificio llamado "literatura", oscurecer sus paredes, hundir en la sombra lo que resulta demasiado visible y despojar su interior de cualquier adorno superfluo."

lunes, 26 de junio de 2017

"El baile del diablo" de Javier Sánchez Menéndez


Javier Sánchez Menéndez, como tal, no necesita muchas presentaciones. Editor de la Isla de Sitolá, poeta, ensayista, articulista, será difícil escribir una historia de esta etapa de la literatura española que no incluya su encomiable actividad en todas estas facetas. No es necesario que yo descubra el valor de poemarios como La muerte oculta o Una aproximación al desconcierto. Tampoco es una novedad afirmar que sus libros que analizan las relaciones entre poesía y vida, como El libro de los indolentes, Confuso laberinto o Mediodía en Kensington Park (estos dos úlitmos pertenecientes a la serie Fábula), empiezan a convertirse en lecturas imprescindibles para todos aquellos lectores y lectoras de poesía que buscan un discurso auténtico, una voz que destile una verdad propia.

Sería bueno comenzar, pues, esta reseña de El baile del diablo con un agradecimiento. Por un lado, es una suerte que siga habiendo editoriales que cuiden con tanto mimo la mercancía que producen. Los libros de Renacimiento como meros objetos son ya tesoros de los que desgraciadamente no abundan. Además, la inclusión en su catálogo de poetas de la profundidad de Javier Sánchez Menéndez nos ayudan a sobrevivir en mitad de un tiempo de hastío al que algunos (no sin cierta razón) ya han bautizado como burbuja editorial.

Cualquiera que haya leído a Pessoa o a Fonollosa sabe que, como lector, carece de sentido preguntarse si una obra, un poema, unos versos, son puramente confesionales o, simplemente, están disfrazados con una tonalidad confesional. Para empezar, porque eso que llamamos “yo” está muy lejos de ser una sola entidad y convendría hablar de una multiplicidad de “yoes” que se van sucediendo en el tiempo. Por otro lado, toda poesía tiene un punto de estructura premeditada, de construcción planificada. El lenguaje poético no es el lenguaje corriente con el que despachamos los asuntos cotidianos. Saber encontrar la justa medida de elaboración, de tramoya, de artificio, es lo que diferencia al auténtico poeta del versificador de bodas, bautizos y cumpleaños (dicho sea esto con todos mis respetos) porque, como ya nos advirtió Paracelso, el veneno está en la dosis. Y es, precisamente, aquí dónde radica el mérito de Javier Sánchez Menéndez, capaz de hacer una poesía de apariencia sencilla y con la medida justa de profundidad, de una coherencia absoluta, una poesía que revisa los escenarios de la memoria, los avatares del presente y las prefiguraciones del porvernir sin dramatismos, huyendo del remordimiento con una voluntad de asumir la vida propia sin euforia ni angustia o contrición.

No sé si estaré en lo cierto, pero pienso que el poema EL BAILE DEL DIABLO (texto con que se abre el libro) se empeña en darme, al menos, parte de razón. En él, una voz parece interpelarse a sí misma o, más bien, al sujeto poético, acusádolo de impostor, aparecen palabras como cínico o fantasma y, en su resolución, el poeta nos dice que “ocupamos el lugar previsto” y, además, añade: “No ha sido nunca malo / el hecho de estar solo”. Esta convicción enlaza con una de las ideas centrales de toda su obra (según mi parecer): la necesidad del silencio y la soledad.

Tras este primer texto, comienza LAS CARTAS POR JUGAR, la primera parte del libro, que introducen una cita de Parra y otra de Pound. Si atendemos en su sentido estricto a los versos de Parra, podría parecer, al menos en la superficie, que hay un intento por negar el pasado o, al menos, la vida en la memoria. Algo que podría refutarse cuando se acomete la lectura de algunos de los textos de esta primera parte. P.G.B., MISERIA HOMINIS y BORRADORES, entre otros, parecen estar desgranando ciertos segmentos del recuerdo, aunque con la distancia necesaria, asumiendo los hechos ya pasados y su inevitable inmutabilidad. Los poemas de esta primera parte parecen buscar referencias en una multitud de temáticas donde cabe el amor, la hipocresía, el aborrecimiento de la vida social y ciertos toques de filosofía que quizá solo perciba quien firma esta reseña (a este respecto me parecen relevantes SATANÁS y WAS CLEAN). En BLACK JACK el poeta termina asumiendo una evidencia, en el marco de un lance de naipes. “No he podido plantarme” escribe sin que sus lectores sepamos si fue por convicción o por falta de oportunidades. NANNY comienza marcando el matiz subjetivísimo de la memoria: “Es posible que tú ya no recuerdes”. LIFE LIE dibuja con acierto el punto exacto en el que coinciden las trayectorias de lo trascendental y lo rutinario. Una lectura atenta, por otra parte, puede encontrar sugeridas ciertas dicotomías no evidentes y que, muy probablemente, estén tan solo en la cabeza del lector. Así en DEAD SEA se podría entender que el calor está enfrentado a la verdad y en RECIBO EN LENCERÍA el amor parece contraponerse a la miseria. Para cerrar esta parte del libro, POESÍA esboza una definición de la misma a la que no puede objetarse nada: “telúrico vigor / que nada contradice.”

LAS OBRAS TERRENALES es la segunda parte del libro y está compuesta por un conjunto de poemas que parecen tener una mayor vocación interpretativa o explicativa del mundo, de las vidas individuales y del destino humano. El último verso de STAND BY (poema que abre esta sección) es una clara advertencia del derrotero que irá tomando el libro: “La puñetera sombra de la vida”. PÓLVORA nos recuerda que: “También la luz / posee tinieblas”. VIDA termina con dos versos que tienen cierto sabor al famoso soneto de Lope, pero teñidos de cierta amargura: “Esto es vivir, lo noto / en su mentira.” En MISTERIO, se apunta a una concepción de la muerte como dejar de ser palabra y es esta identificación un evidente acierto lírico, ya que no puede haber muerte que no implique dejar de ser palabra. Después de todo, ¿qué son la memoria y el pensamiento humano sino palabras? Por otro lado, no se descartan en LAS OBRAS TERRENALES otros tonos. Por ejemplo, ES TARDÍSIMO parece recurrir a la ironía para hacer una defensa de lo contemplativo, para impulsarnos a huir del ritmo artificialmente acelerado de los tiempos que corren. MUCHA MIERDA termina con una clara voluntad de reafirmar la propia existencia o, quizás, simplemente, de alargarla en la propia obra (“Este verso dirá / que sigo vivo”). MONEDA parece destacar la imposiblidad de resolver ciertas dialécticas. Incluso, hay lugar en esta sección del libro para el recuerdo de ciertas gamberradas infantiles como las que se aluden en ya citado PÓLVORA, en DOÑA CONCHA y en AVE MARÍA PURÍSIMA.

En LA VERDAD DE LAS COSAS, tercera de las partes de El baile del diablo, la muerte va ganando una mayor presencia, se hace casi palpable. SEMILLAS DE GRANDEZA inaugura este tramo final, recogiendo muchas de las líneas que se han ido sugiriendo a lo largo de todo el libro. La muerte como una realidad imparable, sigilosa, repentina se resume en un verso: “Ya has dejado de ser.” Aparecen también en este texto temas que vienen siendo habituales en otros libros de Sánchez Menéndez, como el valor central de la humildad. “En la humildad habita la verdad” se nos dice primero y, llegando al final del poema, se concluye:

“la grandeza del hombre
es la humildad. Saber
decir que no a la nostalgia.

Somos en la distancia solo nubes.”

En este mismo sentido, regresa en EL DÍA DE MAÑANA aquella nube con forma de poema que ya formaba parte del imaginario de Confuso Laberinto. En esta ocasión, se identifica con la virtud en el cielo. Y aunque en DESCARTE se afirma que la existencia “es capaz de engañar / y mentir a las sombras”, no hay lugar para el engaño. A pesar de que el poema LA MUERTE comienza sugiriendo que ésta “debe ser un espejismo”, poco después se señala cómo la muerte ya se aprehende durante la vida: “Hay un tiempo sin tiempo en esta vida, / la creación del oficio y de la muerte”. Dejar de vivir es un proceso:

“El camino hacia la muerte
es ese instante, el desvelo, la luz
sin anatemas.”


La muerte es un camino unidireccional e irremediable. Por eso, BALANCE cierra el libro con un verso que se convierte en una revelación, una verdad que se comprende y se acepta de forma inmediata: “También vivir precisa de epitafios.”

jueves, 15 de junio de 2017

Entrevista en La Arcadia Onubense

Ya está disponible la entrevista que me hicieron Rafa Núñez y Alejandro V. Bellido para el programa La Arcadia Onubense de Uniradio. Fue una gratificante mañana de radio: